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Si habitualmente se coge algún transporte público, desde el metro al bus urbano pasando por cualquier tren de corta o media distancia, se habrá podido observar una suerte de tendencia general. Si una década atrás todo el mundo parecía estar leyendo en el metro, por poner un ejemplo, el periódico gratuito que le habían dado al entrar, ahora todo el mundo parecerá estar pegado a la pantalla de su smartphone. Los periódicos gratuitos pincharon ya hace un tiempo y los smartphones, sin embargo, se han convertido en una pieza cada vez más central de nuestra vida cotidiana. Los consumidores ya no tienen "tiempos muertos", porque esos tiempos los ocupa la pantalla de un dispositivo móvil. Nos pasamos esas horas haciendo una suerte de scroll infinito por los contenidos que nos ofrecen las plataformas online en general y, sobre todo, las redes sociales.

Este tipo de comportamiento suele acabar protagonizando críticas y comentarios sobre la debacle de la sociedad, aunque posiblemente más que un gran drama generacional sea simplemente un cambio general de estilos de vida y de los elementos que nos identifican como sociedad. De hecho, el móvil se ha convertido en un motor clave en este último punto, ya que los consumidores están cada vez más "enganchados" a sus terminales y los emplean para cada vez más y más cosas.

No hay momento sagrado que el móvil no haya ocupado. Un estudio de 2017 señalaba que los españoles habían dejado de leer las partes traseras de las botellas de champú en el baño: el 92% de los españoles se llevaba el móvil con ellos en sus visitas al WC. También lo empleamos para matar el tiempo mientras esperamos nuestro turno en diferentes servicios o para hablar con amigos y familiares mientras hacemos compras, pidiendo recomendaciones y consejos.

Y, por supuesto, el móvil se ha convertido también en un elemento omnipresente en la mesa a la hora de comer. Posiblemente, esto esté también muy vinculado a la realidad de cómo comemos hoy en día. Si hace unas décadas lo habitual era sentarse a comer en familia, ahora lo cada vez más recurrente es sentarse a comer de un modo solitario.

Más comidas en solitario y más con el móvil en la mesa

Un estudio reciente de Mintel ha abordado cómo han cambiado los hábitos de los europeos en lo que a las cenas se refiere. Sus conclusiones son las de que, aunque seguimos pensando que comer en familia es muy importante, cada vez comemos más en solitario.

Un tercio de los europeos come de forma regular todas sus comidas en solitario. Algunos países, como Polonia, donde lo hace el 40% de la población, se posiciona por encima. En España, los datos van en línea con la media. Un 29% de las personas come habitualmente en solitario.

Esto ocurre debido a cómo ha cambiado la vida y la sociedad. "Los cada vez más ajetreados estilos de vida están creando menos tiempo para prácticamente todo, incluidas las comidas compartidas", explica en una nota de prensa Edward Bergen, Mintel Global Food & Drink Analyst, "con la tendencia de cenar solo en aumento para mucha gente en Europa".

Y si comemos solos, llenamos ese tiempo con otra cosa. En lugar de conversar con un interlocutor, lo hacemos con nuestros móviles. "Algunos consumidores han llegado a preferir la compañía de sus dispositivos a hacerlo con otras personas", asegura Bergen. En lugar de comer acompañados, preferimos comer pasando tiempo con nuestros terminales.

Esta conclusión puede parecer preocupante desde el punto de vista social, aunque no lo es del todo. El propio analista explica que, para algunos consumidores, este movimiento es una decisión motivada por el interés por tener tiempo para uno mismo. Es decir, algunos consumidores comen en soledad, usando sus móviles para acceder a la información, como una especie de tiempo de calidad que se dedican a ellos mismos. Para otros, eso sí, es un simplemente un síntoma de "aislamiento social".

El móvil está presente, aunque comamos acompañados

Pero lo cierto es que poco importa que se esté solo o no: el móvil siempre estará sobre la mesa. Los consumidores, por mucho que se considere una de esas cuestiones modernas que entran dentro de la mala educación, no se despegan de sus terminales móviles. Seguimos empleándolos a la mesa y no queremos perdernos nada de lo que pueda estar pasando en nuestro terminal móvil.

En este punto, los españoles son los que muestran la adicción más elevada de Europa. Son "los peores culpables". Un 55% de los españoles reconoce que usa de forma habitual sus móviles para hablar o para mandar mensajes de texto mientras come (muy por encima del 23% de los franceses o el 21% de los alemanes que lo hacen), porcentaje que sube al 76% cuando se pone el foco en la Generación Z.

Usar el móvil en la comida no es el único foco de distracción en la mesa. Aunque se coma en familia o en grupo, en no pocos países europeos es habitual tener una pantalla que esté distrayendo a los comensales. Al móvil se le mira con malos ojos, pero no está haciendo nada que no hubiese hecho antes la televisión.

La tele ha sido un clásico de la hora de comer y sigue presente en los rituales a esa hora de los europeos. Un 71% de los británicos la tiene encendida mientras comen, como lo hacen el 68% de los polacos, el 59% de los españoles y el 57% de los italianos.

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