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En las últimas semanas del último año, los valores en bolsa de Atresmedia y Mediaset, los dos gigantes mediáticos que dominan las televisiones privadas en España, iban a la baja. De hecho, su situación era especialmente llamativa porque el valor en bolsa que tenían en ese momento era similar al que tenían en su momento más bajo en 2013, cuando habían tocado suelo por culpa de los efectos de la crisis económica.

En esas semanas, una valoración de JP Morgan había penalizado a los valores, ya que el banco de inversión había rebajado el precio objetivo de los dos valores en un 32% (el de Atresmedia) y en un 20% el del Mediaset. La recomendación a la baja de JP Morgan llegaba, además, poco después de una de Bankinter. Los dos valores en bolsa estaban lejos de su mejor momento.

Por supuesto, la valoración a la baja en bolsa no era cosa de una casualidad o de un capricho, sino más bien el fruto de una lectura del estado de las cosas. La televisión en España estaba sufriendo? y sigue sufriendo. Las pistas de que las cosas estaban cambiando se acumulaban.

La tele en España, y en Europa, estaba empezando a sufrir lo que la estadounidense ya había vivido meses atrás (e incluso años) con la explosión de los llamados cortadores de cable. La oferta de contenidos de internet (legal) era ya demasiado competitiva y demasiado atractiva como para seguir echando mano de la televisión tradicional.

Teniendo en cuenta además que los espectadores se estaban acostumbrando a ver las cosas cuando querían y dónde querían, el apagón del formato tradicional y lineal se comprendía mucho más. En EEUU, el cambio de rumbo llevó a que se diesen de baja suscripciones por cable (la manera habitual de acceder a esos contenidos). En Europa está poniendo en crisis un modelo de televisión en abierto sostenida por anuncios y las estructuras publicitarias vinculadas a ella.

El impacto que ya se ve

Los espectadores dedican menos minutos a ver la televisión tradicional, también en España. Una de las últimas mediciones de minutos de visionado de televisión tradicional en España apuntaba a que se habían perdido ya en seis años 13 minutos de visionado (y eso que el mes que se usaba como referente en la comparación era el del Mundial de Fútbol). Incluso los grandes éxitos de audiencia y el prime time se están reinventando.

Y, aunque las cosas en las cuentas de resultados no son todavía brutales para los gigantes de la tele española, en bolsa todo esto ya empieza pasar factura. Atresmedia ha perdido en dos años el 63% de su valor y Mediaset el 45%. Como apuntan en un análisis económico en El País, las dos compañías tienen todavía buena salud económica en rentabilidad y peso publicitario (juntos son el 84% de toda la publicidad de la televisión en España), pero nada está grabado en fuego.

Los ingresos de Mediaset cayeron en 2018 y los de Atresmedia se estancaron, a pesar de que llevaba una trayectoria ascendente. Y, aunque funcionan casi como un duopolio publicitario (tema que Competencia ya está investigando, como recuerdan en el diario), esto no asegura, ni de lejos, su futuro.

El streaming y su impacto, especialmente a medida que se suman nuevos jugadores al reparto de esa tarta, como es el caso del Disney, hace que su futuro se vea complicado. Las dos compañías han creado sus propias plataformas de streaming, aunque pasar en ellas un poco de tiempo demuestra que están muy lejos de la experiencia sólida y positiva de Netflix o incluso de Movistar (que, como ellas, sirve anuncios, pero lo hace de una manera muchísimo menos molesta).

Quizás la estrategia para su supervivencia sea de la 'si no puedes con tu enemigo únete a él': Atresmedia ya produce contenidos para las grandes plataformas de VoD.