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Por qué el big data se ha convertido en un riesgo de reputación para las empresas y marcas
Big data, un talón de Aquiles para la reputación de empresas y marcas
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    El big data se ha convertido en uno de esos elementos favoritos para las empresas y para las marcas, en una de las cuestiones tecnológicas que se ven con mejores ojos. Tiene una explicación. El big data permite conocer mejor que nunca a los consumidores y adelantarse a sus necesidades y a sus problemas. Gracias al análisis de datos, los responsables de marcas y empresas pueden establecer, por ejemplo, tendencias de consumo, relaciones entre productos comprados y pautas de gasto o fallos en la cadena de atención al cliente (y mejorarlos).

    Pero para poder triunfar en el big data las empresas necesitan información. Este es uno de los grandes problemas que genera el big data y uno de los elementos que generan mayores diferencias entre los distintos competidores. Por ejemplo, para una empresa de menor tamaño resulta mucho más difícil posicionarse en este terreno de lo que lo es para una de un tamaño mayor. Las compañías necesitan acumular muchísima información y hacer una 'cosecha' de datos. Cuanto más acumulen en sus bases de datos, más sabrán sobre sus consumidores y mejores conclusiones podrán alcanzar sobre ellos.

    Las compañías se han lanzado, por tanto, a una carrera para acumular información y más información. Cuanto más puedan saber de sus consumidores mejor y cuanto más puedan alimentar sus bases de datos, todavía mejor.

    Esta carrera por cosechar información y por acumularla podría tener, sin embargo, un lado negativo. A medida que las empresas se van convirtiendo en almacenes de más y más información, se van convirtiendo también en más vulnerables. Sus bases de datos son cada vez más apetitosas para los cibercriminales y estos se están centrando cada vez más en ellas, como demuestra el aumento de las noticias sobre hackeos contra grandes empresas. El big data se ha convertido así, de una forma indirecta, en un nuevo quebradero de cabeza para las compañías: las ha hecho más vulnerables a los malos de la red y ha abierto la llave a crisis de reputación que antes no eran tan probables.

    La lista de empresas que han sido víctimas de un agujero de seguridad es larga. Equifax, una de las mayores firmas en el sector de información sobre consumidores y tarjetas de crédito, acaba de reconocer que los hackers se hicieron con datos personales 143 de millones de personas, incluidos datos tan sensibles como su número de tarjeta de crédito o números de identificación como el de la Seguridad Social o su carné de conducir.

    El hackeo, como recuerdan en una columna de opinión en The Guardian, podría ser simplemente la punta del iceberg de un futuro con muchos más riesgos (Equifax tiene dos grandes competidoras que son también dos grandes gigantes de la información personal), un iceberg que se venía venir desde que en 2015 Ashley Madison fue hackeada y la información sobre sus usuarios lanzada al mundo.

    A medida que las empresas van acumulando más y más información, el interés de los delincuentes de la red va creciendo y el riesgo de amenazas va aumentando.

    El hackeo, un duro golpe

    Más allá de lo que este riesgo puede significar en términos de derechos de los consumidores (en la columna de The Guardian hablan de cómo toda esta situación está impulsando el nacimiento de nuevos proyectos de leyes), la cuestión es un problema para las empresas a otro nivel también. Este riesgo de hackeo las hace cada vez más vulnerables en términos de imagen de marca. Los consumidores son cada vez más conscientes de la importancia y del valor de los datos y son también cada vez más conscientes de que las empresas deben guardar lo que tienen. Igual que no perdonarían que un banco perdiese su dinero y no pudiese devolvérselo, los consumidores perdonan cada vez menos que las empresas pierdan sus datos y los dejen en manos de los ciberdelincuentes.

    Un año después del hackeo de Ashley Madison, como apuntaban en un análisis de Kaspersky, los cibercriminales seguían usando los datos filtrados para hacer 'el mal', como envío de spam, chantaje, intento de robo de información de tarjetas de crédito o acceso a otros servicios partiendo de los datos. Para la empresa, fue una debacle. Tuvieron que suspender su entrada en bolsa, perdieron dinero y tuvieron que hacer un completo rebranding, al tiempo que vieron como sus secretos estratégicos (como que algunas de las mujeres en la red no eran reales, sino bots para atraer a los hombres que querían ser infieles) eran desvelados. La imagen de la marca había sido golpeada para siempre.

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