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A medida que los consumidores se han ido haciendo cada vez más conscientes de la importancia que tienen los datos y a medida que su preocupación por lo que ocurre con ellos ha ido también creciendo, el impacto que tienen todos los problemas vinculados con ellos ha ido igualmente aumentando. Los datos se han convertido en un terreno sensible para las empresas, ya que una brecha de seguridad no solo amenaza la ejecución de su estrategia sino que también pone en peligro su relación con los consumidores.

Las brechas de seguridad tienen un impacto en percepción de marca, en confianza, en los vínculos emocionales que se establecen con la compañía o en las decisiones finales de compra. De hecho, una brecha de seguridad puede hacer que los valores cruciales de la marca (como le ocurrió a Ashley Madison en el pasado) salten por los aires.

Por tanto, los problemas de seguridad son una cuestión que no solo debe preocupar al equipo tecnológico, sino también a los responsables de estrategia, a quienes tienen que tomar decisiones de comunicación y, por supuesto, al equipo de marketing. Un problema en este terreno puede hacer que el trabajo de años se convierta en papel mojado y recuperar a los consumidores y su confianza puede ser un trabajo arduo y complicado.

Pero, dado que los efectos que las brechas de seguridad tienen en la posición de la marca en el mercado pueden traducirse en términos económicos, resulta mucho más fácil hacer comprender a quienes toman las decisiones qué suponen y cómo lastran las cosas para la compañía.

3,86 millones de dólares en pérdidas

Las brechas de seguridad no salen nada baratas, como acaba de demostrar un estudio del Ponemon Institute y de IBM. De media, estos problemas salen a 3,86 millones de dólares en pérdidas. El coste sin embargo puede irse a cantidades muchísimo más elevadas y puede ser un lastre mucho mayor.

En las grandes brechas de seguridad, esas que hacen que las marcas y las empresas pierdan mucha información (y que son las que se cuelan en los telediarios y en los medios de información generalista cuando se acaban haciendo públicas), el costo que puede tener para las compañías puede oscilar entre los 40 y los 350 millones de dólares.

Los datos se basan en lo que las propias compañías confiesan (el estudio parte de entrevistas con responsables de 500 empresas que sufrieron brechas de seguridad) y parten de los costes asociados en muchos terrenos. En la cuenta entran los costes de las investigaciones, los efectos que tienen a nivel legal o el coste asociado a todo el proceso de notificación, pero también el coste que supone en oportunidades de negocio perdidas y en pérdida de reputación.

El problema está en la pérdida de reputación

Estos son los puntos en los que habitualmente los estudios no se paran o los que no dan cifras claras. Al fin y al cabo, cuando hay una brecha de seguridad de este estilo, lo más claro y lo más simple es ver qué multas imponen las autoridades de protección de datos y ver ahí el efecto en términos de pérdidas económicas. Sin embargo, esto es solo una parte del efecto económico que tienen y ni siquiera tiene que ser necesariamente el coste más elevado.

El estudio ha determinado que este tipo de efectos, que son costes más ocultos, no solo son difíciles de gestionar sino también salen mucho más caros. En las grandes pérdidas de datos, un tercio del dinero que la empresa pierde de forma posterior está vinculado a la pérdida de negocio derivada. Como explican los responsables del estudio, el daño a la reputación, los costes operacionales y la pérdida de clientes son elementos que tienen que ser tenidos muy en cuenta para determinar qué pérdidas económicas suponen las brechas de seguridad.