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Si en las últimas semanas se buscase en cualquier agregador de noticias información sobre el Instituto Nacional de Estadística, lo más probable es que se acabase tropezando con un montón de información sobre cómo evitar que el INE "nos espíe". Fue material para conversaciones en redes sociales, mensajes de "pásalo" y know-hows sobre cómo poder permanecer en la sombra ante el organismo público y la recolección de datos. La cuestión era que la prensa había dado a conocer que el INE iba a hacer un gran proceso de recolección de información usando a las operadoras de telecomunicaciones para así poder conocer mucho mejor a los españoles.

Gracias a un acuerdo con las tres principales operadoras de telecomunicaciones, el INE va a acceder a un vaciado de datos vinculados a localización de móviles, para así poder extraer conclusiones sobre cómo viven y se mueven los españoles centrándose en una horquilla de días a lo largo de noviembre, diciembre y el próximo agosto. La información es anónima y se va a usar únicamente con fines estadísticos, aunque los contenidos que primero aparecieron en medios generaron una suerte de alarma social y una crisis de reputación para el INE. Los españoles parecían estar convencidos de que el Instituto Nacional de Estadística estaba decidido a espiarlos.

Lo cierto es que la información que el INE iba a emplear cumplía con la normativa de protección de datos y también que eran datos que las empresas ya estaban usando (Facebook, por ejemplo, sabe gracias a las apps de la compañía que empleamos por dónde nos movemos, como también hace Google) para fines mucho menos orientados al bien común. Como recordaban desde Xataka, los consumidores se preocupan mucho menos, en general, de a quién le dan y qué datos cuando se instalan aplicaciones en el móvil.

Lo interesante, desde el punto de vista del marketing y del big data, del movimiento del INE es que deja claro que las administraciones públicas y los organismos están usando el big data para conocer mucho mejor a la población y para tomar decisiones vinculadas a sus descubrimientos, lo que podría en el futuro abrir la puerta a otros debates.

En el caso específico del estudio del INE los datos que recogerán y emplearán, como recordaban desde El Economista, no son tanto información nueva (son datos que ya estaban logrando con sus cuestionarios) pero sí haciéndolo de un modo más acorde con los tiempos. Se podría sumar que quizás también de un modo más fiable.

En el caso de la investigación del INE, por tanto, sus conclusiones servirán para un poco lo que los datos ya se estaban empleando. "Hay gente que ha dicho, pues esto va a servir para poder poner una rotonda en tal sitio y no, no va de eso la cosa", le explicaba al medio el subdirector general de Estadísticas Sociodemográficas del INE, Antonio Argüeso, apuntando que los datos se van a emplear para medir el "commuting" y cómo están conectadas las diferentes localidades.

Conocer a los turistas transfronterizos

El del INE no es el único estudio que emplea el big data para llegar a conclusiones sobre la ciudadanía y sobre cómo viven. El último análisis que emplea masas de datos y que lidera un organismo público en darse a conocer es el proyecto Edit, un proyecto transfronterizo de colaboración entre los organismos públicos de turismo de Galicia y del norte de Portugal.

En este caso, y también anonimizados, se usarán datos de móviles y de tarjetas bancarias (información que suelen emplear también las empresas para perfilar a sus consumidores), a los que sumarán información clásica de la industria del turismo (datos de alojamiento y gastos medios del INE y de fuentes externas, como AENA o de buses y trenes) y datos procedentes de internet. La información se cruzará también con información del tiempo, para establecer conclusiones sobre cómo afecta el buen o el mal tiempo a los planes de los visitantes en la zona.

Toda la información les permitirá a los organismos públicos gallegos y portugueses conocer cómo es el perfil de visitante que recorre la zona y establecer patrones y tendencias del mercado. "Identificaremos los lugares con más flujos turísticos y monitorizaremos esos flujos", explicaba a La Voz de Galicia, el medio que ha adelantado este estudio, José Luis Maestro, director de Competitividade de Turismo de Galicia.

Con esos datos en la mano creen que podrán ajustarse mejor a los objetivos de sostenibilidad o diseñar mejor la oferta. En este caso, las administraciones públicas operan como podrían hacerlo las empresas, usando la información para tomar decisiones orientadas a negocio y a mercados.

Muchos usos y muchas aplicaciones

Por supuesto, este es solo una muestra de cómo las administraciones públicas emplean el big data y de cómo podrían hacerlo. No la única actividad y tampoco el único campo de trabajo.

Las comunidades autónomas ya tienen planes de formación para sus funcionarios sobre este tema, como ocurre por ejemplo con La Rioja, y Hacienda ya lo emplea como herramienta para alertar sobre el fraude y trabajar después sobre áreas concretas, como anunciaba hace unas semanas que haría sobre los ingresos de las multinacionales. Los usos pueden ir más allá y pueden centrarse en terrenos muy concretos. Por ejemplo, puede ayudar a mejorar la respuesta a emergencia o a comprender los flujos de tráfico para ordenar mejor la circulación en la ciudad.

Los estudios dejan claro que el big data será, junto con nuevas herramientas como el blockchain o la inteligencia artificial, uno de los elementos que cambiará el futuro de las administraciones públicas y de la calidad de los servicios que dan a los ciudadanos.

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