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OpenAI propone fondos públicos de riqueza y semanas de cuatro días ante el avance de la inteligencia artificial

La visión de OpenAI para 2026 incluye un fondo soberano nacional que repartiría dividendos de la IA a los ciudadanos

Por Redacción - 7 Abril 2026

OpenAI ha presentado un ambicioso manifiesto político que busca rediseñar los cimientos de la estructura económica global, anticipando una era donde la inteligencia artificial no solo sea una herramienta, sino el motor principal de la creación de riqueza.

La propuesta, revelada recientemente, plantea una transición hacia modelos de bienestar social que antes parecían propios de la ciencia ficción, incluyendo la creación de fondos soberanos de inversión en IA y la implementación de impuestos dirigidos específicamente a la automatización robótica. Este esquema surge en un momento crítico donde la capacidad de procesamiento y la sofisticación de los modelos han comenzado a desplazar funciones laborales tradicionales a una velocidad sin precedentes, obligando a los líderes de la industria a proponer soluciones que mitiguen el impacto social de la tecnología que ellos mismos están acelerando.

La pieza central de este plan es la creación de un fondo público de riqueza nacional, un mecanismo mediante el cual cada ciudadano tendría una participación directa en las ganancias generadas por la inteligencia artificial.

Según los documentos técnicos y de política pública difundidos por la organización liderada por Sam Altman, este fondo se capitalizaría mediante contribuciones de las propias empresas del sector y participaciones en las industrias que más se beneficien de la integración de sistemas autónomos. El objetivo es que los dividendos del progreso tecnológico no se concentren exclusivamente en manos de unos pocos accionistas de Silicon Valley, sino que fluyan de manera equitativa hacia la población, sirviendo como un amortiguador financiero frente a la posible obsolescencia de ciertos perfiles laborales.

En esta misma línea, la propuesta aborda de manera directa la necesidad de reformar el sistema tributario global. OpenAI sugiere un alejamiento progresivo de los impuestos sobre los salarios, que históricamente han sido la base de la recaudación fiscal, para centrarse en los rendimientos del capital y los beneficios corporativos impulsados por la eficiencia de las máquinas. La introducción de gravámenes específicos sobre el uso de trabajadores automatizados permitiría, según la visión de la compañía, financiar redes de seguridad social mucho más robustas que incluyan seguros salariales automáticos y pagos directos en efectivo. Estos mecanismos se activarían sin intervención legislativa previa una vez que los indicadores de desplazamiento laboral alcancen ciertos umbrales críticos, garantizando una respuesta inmediata a las crisis económicas regionales o sectoriales.

Más allá de la redistribución monetaria, el manifiesto explora un cambio cultural profundo respecto a la naturaleza del trabajo.

Se propone el inicio de experimentos respaldados por el gobierno para implementar semanas laborales de cuatro días, manteniendo los niveles salariales actuales. La idea fundamental es que los incrementos de productividad logrados gracias a la IA no deberían traducirse simplemente en una mayor producción de bienes, sino en una mayor disponibilidad de tiempo para las personas. De este modo, la tecnología se posiciona como una fuerza liberadora que permite reducir la jornada laboral a 32 horas semanales, permitiendo que la sociedad capture los beneficios de la eficiencia en forma de descanso y desarrollo personal.

Finalmente, OpenAI defiende que el acceso a las herramientas avanzadas de inteligencia artificial debe ser considerado un derecho público esencial, equiparable a la educación básica o al suministro eléctrico. Para evitar una brecha tecnológica insalvable, la organización aboga por políticas de precios regulados que aseguren que los trabajadores por horas y las instituciones comunitarias puedan utilizar estas capacidades sin restricciones económicas. Este enfoque busca democratizar el uso de la superinteligencia, asegurando que las pequeñas empresas y los grupos históricamente marginados tengan las mismas oportunidades de innovación que las grandes corporaciones, garantizando así un tejido económico más diverso y resiliente en las próximas décadas.

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