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Fue en uno de los momentos en los que la crisis económica parecía estar tocando fondo y en el que los despidos de periodistas, creadores de contenidos y blogueros eran pan de cada día en la industria de los medios en España. Tras muchas de esas reconversiones, muchos de esos creadores de contenidos que se quedaron sin trabajo decidieron crear sus propias plataformas y gestionar ellos directamente los ingresos publicitarios. Algunas de esas propuestas tuvieron mucho éxito y se convirtieron en nuevos medios y plataformas online de referencia en su sector. Otros tuvieron una suerte mucho más desigual.

De hecho, en medio de todo ese boom de nuevos medios y de nuevos espacios, no eran pocos los que intentaban captar ingresos usando plataformas como AdSense. En aquella época, me explicaban un grupo de creadoras, que había decidido lanzar sus propios blogs temáticos y amortizarlos con AdSense, como en un primer momento aquello prometía, pero cómo acabaron pinchando no mucho después. Para hacer dinero con AdSense se necesitaba un tráfico muy elevado y eso hacía que se dependiese demasiado de lo que ocurría con otras plataformas. Un cambio en Google que te sepultase en las páginas de resultados menos destacadas hacía que ese mes los ingresos se desplomasen.

En esa historia, quizás, se podría ver lo que AdSense supuso para los medios de comunicación y para los creadores de contenidos en internet. Era, a primera vista, una manera sencilla de monetizar el trabajo que se estaba haciendo. Los contenidos se convertían en una fuente de ingresos sin más esfuerzo que el de pegar un código en la web. La plataforma se encargaba de todo. Cuando AdSense llegó al mercado, además, la industria se encontraba en un momento inicial en el que todo estaba por hacer y en el que aún no se había descubierto cuál podía ser la llave mágica que permitiese "hacer dinero" con todo aquello.

AdSense se coronó rápidamente. Era sencillo de usar, tanto para anunciantes como para medios (medios que aún no tenían muy claro qué hacer con la red y cómo monetizarla) y llegaba con todo el peso de Google detrás, la empresa joven que estaba entendiendo la red.

Para los primeros productores de contenidos que nacieron para la red y que comprendieron cómo operaban allí las cosas, la plataforma les permitía además ganar mucho dinero. Eran un primer gran caso de éxito en el que internet, gracias a AdSense, se convertía en ultra rentable. Cualquiera que trabaje en este entorno ha escuchado en alguna ocasión alguna historia sobre alguien que se hizo de oro en "aquellos tiempos".

El pinchazo del hacerse de oro

Los años dorados, sin embargo, se acabaron pronto. La tormenta perfecta se formó no por la presencia de uno sino de varias realidades simultáneas que complicaron las cosas.

La popularización creciente del servicio y el hecho de que estuviese por todas partes hizo que su posición se convirtiese en dominante. Google era quien marcaba el ritmo de la publicidad online con su Adsense. En Europa, por ejemplo, entre 2006 y 2016, AdSense llegó a tener una cuota de mercado del 75% en el mercado de la publicidad online en los países miembros de la UE, como apuntaban desde la Comisión Europea hace no mucho en una de sus multas contra Google.

Esto llevó a que el mercado fuese, al final, lo que ellos decían que fuera. Los medios online no tenían una estructura sólida propia y fuerte y no estaban ofreciendo una alternativa. El modelo de Google era el que se establecía así como patrón oro - o único patrón - de lo que ocurría con la publicidad en la red. Esto puso a los medios en una situación precaria, pero también llevó a que el mercado avanzase en la dirección que más convenía a ese producto.

A eso se sumaba el hecho de que AdSense y el modelo que imponía estaba tirando los precios de la publicidad online. Los costes por clic de los primeros momentos eran muy atractivos para los anunciantes, pero un suicidio para el ecosistema de medios.

A todo ello había que añadir que los internautas estaban cada vez más cansados de la publicidad. Los anuncios online resultaban demasiado molestos y ofrecían una experiencia demasiado negativa. La caída de los precios hacía que los medios insertasen cada vez más publicidad para compensar el retroceso en ingresos, lo que llevaba a que el hartazgo fuese en aumento.

El mercado del vídeo

¿Se podría decir por tanto que generar ingresos de forma sostenida con AdSense es ya imposible? La respuesta a esa pregunta sigue siendo complicada porque, aunque la publicidad de display para medios sí ha acabado en esa fase de retroceso, AdSense sigue funcionándole a los creadores de vídeos. Al fin y al cabo, es de dónde sacan sus ingresos los creadores de contenido para YouTube. Los youtubers están todavía en esa fase de poder hacerse de oro echando mano de la plataforma.

La gran pregunta tendría que ser, en realidad, hasta cuándo podrán hacerlo. Al fin y al cabo, las cosas parecen estar acercándose demasiado a ese momento en el que los consumidores cambiaron su visión sobre la publicidad online. Los internautas empiezan a estar especialmente aburridos de los anuncios que les sirven con sus vídeos y a encontrarlos especialmente molestos. El hecho de que sea cada vez más habitual encontrarse con anuncios que no se pueden saltar hasta que se llega al final del mensaje es un indicador bastante claro de cómo están las cosas. Al internauta hay que forzarlo a que lo vean.

El pinchazo de la burbuja y el fin del hype podrían estar a punto de caer.

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