La verdad tras el Black Friday y la sombra de las ofertas engañosas
Por Redacción - 11 Noviembre 2025
La fecha señalada en el calendario, el último viernes de noviembre, ha trascendido hace tiempo su origen como simple pistoletazo de salida para la temporada de compras navideñas en Estados Unidos, transformándose en un fenómeno global que, a día de hoy, once de noviembre de 2025, se percibe con una mezcla de excitación y escepticismo. Inicialmente acuñado en la década de 1950, el término "Black Friday" hacía referencia a cómo las cuentas de los minoristas pasaban de números rojos, indicando pérdidas, a negros, sinónimo de ganancias, gracias al fervor consumista que seguía al Día de Acción de Gracias.
Este concepto, que tardó décadas en consolidarse en su país de origen, llegó a España de forma notable a partir de 2012, impulsado por cadenas de electrónica y grandes superficies que vieron la oportunidad de dinamizar la demanda antes del cierre del año. Aquella importación inicial, vista por algunos con frivolidad, se ha arraigado profundamente en los hábitos de consumo, estableciendo una jornada, a menudo extendida a toda una semana, donde la supuesta ganga se convierte en el motor principal de la decisión de compra.
Tras la aparente celebración de descuentos se esconde una compleja maquinaria de mercadotecnia que apela directamente a los resortes psicológicos del consumidor.
La sensación de urgencia y la escasez temporal son herramientas maestras que utiliza el comercio para desactivar el pensamiento crítico y fomentar la adquisición impulsiva. El denominado "miedo a perderse algo" o Fear Of Missing Out (FOMO) actúa como un poderoso catalizador, llevando a las personas a comprar artículos que, en un momento de reflexión ordinario, quizás no considerarían necesarios. Esta presión, magnificada por la constante promoción en canales digitales y físicos, estimula el sistema de recompensa del cerebro, creando una euforia momentánea que vincula la compra con el placer y el orgullo de haber conseguido un buen trato. El consumidor se siente astuto al obtener un artículo deseado a un precio reducido, una gratificación que puede ser más potente que la utilidad real del producto en sí mismo.
El caso investigado por ConsumidorGlobal.com sobre Leroy Merlin pone en evidencia una práctica cuestionable detectada durante el Black Friday: la aplicación de descuentos ficticios. Según el análisis de historiales de precios y testimonios de consumidores, varios productos mantuvieron el mismo coste antes y durante la campaña, pese a anunciar rebajas de hasta el 30%. Este comportamiento, que maquilla los precios sin ofrecer un ahorro real, pone en entredicho la transparencia y la ética comercial de la marca, al tiempo que erosiona la confianza del consumidor.
También ha sido noticia el caso de un cliente que grabó en vídeo en la tienda de Carrefour en Torrevieja (Alicante) lo que parece una práctica engañosa: productos señalados como “Últimas unidades” y en “oferta” por el contexto del Black Friday, pero que en realidad tenían un precio anterior mayor que el precio original visible en la etiqueta. Ejemplos concretos: un altavoz “Vieta Pro Party 22 (VM-HW450BK)” con cartel de “rebajado” a 249,99 €, indicando que antes costaba 289 €, pero la etiqueta original mostraba claramente que su precio anterior era 199,99 €
Este tipo de estrategias erosiona la confianza del consumidor y cuestiona la ética comercial de las grandes superficies. El problema va más allá del engaño puntual: plantea un dilema estructural sobre la honestidad y transparencia en las promociones. Aunque la legislación de defensa del consumidor exige que los descuentos se basen en precios reales y verificables, la falta de control efectivo y la magnitud de las campañas dificultan su cumplimiento. Así, la responsabilidad de detectar estas irregularidades recae muchas veces en los propios consumidores o en medios especializados. De hecho, los últimos datos revelan que el 68% de los consumidores españoles cree que los precios de los productos se inflan deliberadamente antes del Black Friday, con el objetivo de luego aplicar un “descuento” que en realidad no representa un ahorro real.
En este sentido, la Generalitat de Cataluña ha intensificado su vigilancia sobre las promociones del Black Friday ante el aumento de prácticas comerciales engañosas. El Departamento de Consumo ha cuadruplicado el número de productos supervisados, pasando de unos 3.000 el año anterior a cerca de 10.000 este 2025, y ha ampliado también el número de establecimientos controlados, que asciende ahora a 155 frente a los 49 de 2023.
El objetivo de este refuerzo es detectar las llamadas falsas promociones, una práctica en la que algunas empresas inflan los precios semanas antes del Black Friday para luego simular descuentos inexistentes. En la campaña de inspección anterior, las autoridades detectaron indicios de infracción en el 77% de las empresas revisadas, lo que evidenció la magnitud del problema y la necesidad de una fiscalización más estricta. Las sanciones por vulnerar los derechos de los consumidores pueden alcanzar los 100.000 euros, mientras que las infracciones en materia de comercio pueden llegar a los 20.000 euros. Los sectores con mayor seguimiento son los de electrónica, moda y artículos para el hogar, los más propensos a concentrar grandes campañas de descuentos.
Es importante señalar que el pasado catorce de octubre de 2025, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) refrendó de manera contundente las sanciones impuestas por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 a un total de siete empresas de venta online. Estas compañías, dedicadas a sectores tan sensibles como los electrodomésticos, la electrónica o la cosmética, fueron penalizadas por incumplir el artículo 20 de la Ley de Ordenación del Comercio Minorista. Dicha normativa es taxativa al estipular que, a la hora de publicitar un descuento, el precio de referencia debe ser el más bajo aplicado al producto en los treinta días anteriores, una práctica que las empresas sancionadas obviaron al recurrir a la táctica del precio inflado. Las multas impuestas por la Dirección General de Consumo, que se acercaron a los 350.000 euros en su conjunto por prácticas fraudulentas identificadas en la campaña de 2023, fueron monitorizadas gracias al Price Reduction Tool, una herramienta desarrollada por la Comisión Europea. Este aval judicial, que incluso desestimó el recurso de una de las empresas obligándola a depositar un aval de 110.000 euros, establece un precedente crucial, reforzando la posición del consumidor y obligando al comercio a una transparencia ineludible.
El comportamiento de compra en España durante las campañas de Black Friday, pese a las alertas sobre las ofertas engañosas, sigue mostrando una fortaleza notable, si bien con algunas fluctuaciones en el presupuesto individual.
Las proyecciones para la campaña de 2025 indican que la participación continúa al alza: se espera que el 58% de los españoles aproveche las ofertas, un incremento respecto al 52% del año anterior, según estudios sectoriales de principios de octubre. La intención de compra se mantiene especialmente sólida entre la población más joven, con la Generación Z y los Millennials liderando la tendencia, con un 62% de previsión de compra. Además, se anticipa una intensificación del gasto online: se calcula que la combinación de Black Friday y Cyber Monday disparará el gasto medio por comprador online hasta los 485 euros, consolidando el comercio electrónico como el canal de preferencia, especialmente para la compra anticipada de regalos navideños. Las categorías de moda, calzado, complementos y la electrónica continúan siendo las estrellas indiscutibles. Resulta crucial destacar que el canal online ya no es solo una alternativa, sino la vía preferente de compra, con un porcentaje altísimo de transacciones realizadas a través de dispositivos móviles, confirmando la digitalización plena de este ritual de consumo masivo.
La evolución para el año en curso también está marcada por la creciente irrupción de la inteligencia artificial, que comienza a transformar activamente la experiencia de compra.
Se estima que alrededor del 33% de los consumidores utilizará probablemente la IA para navegar y optimizar sus rebajas este año, una cifra que asciende hasta el 36% entre los más jóvenes. Estas herramientas de asistencia digital ayudan al consumidor a filtrar ofertas, comparar precios de manera histórica y gestionar la logística, si bien también suponen un perfeccionamiento de las técnicas de psicomarketing por parte de los minoristas, quienes personalizan las ofertas con una precisión inédita. Además, la campaña de 2025 se presenta como un impulso significativo al empleo, con previsiones que superan los 270.000 contratos temporales generados para reforzar la logística, la atención al cliente y la distribución durante esta crucial temporada comercial, que se extiende hasta el Cyber Monday.
El verdadero desafío, tanto para el consumidor como para el sector, radica en la búsqueda de un equilibrio entre el impulso económico que genera esta fecha y la responsabilidad individual y corporativa. Las compras masivas e impulsivas tienen un coste que va más allá del extracto bancario, impactando directamente en la sostenibilidad ambiental debido al aumento de la logística, el transporte y la generación de residuos. Algunas voces, tanto en el ámbito de la psicología del consumo como en el ecologismo, abogan por un cambio de enfoque, promoviendo una adquisición más consciente y planificada.
El estudio de mercado refleja que una parte importante de la población, concretamente un 37% de quienes rechazan participar en el Black Friday, lo hace porque prefiere realizar compras más conscientes, y otro porcentaje significativo (27%) no confía en la autenticidad de las ofertas. Creando una lista de la compra de antemano y estableciendo un presupuesto inamovible son prácticas que permiten al ciudadano recuperar el control sobre sus decisiones, asegurando que la compra responda a una necesidad real y no solo al anzuelo de una oferta efímera. La conversación se desplaza ahora de la magnitud del descuento a la autenticidad del mismo y a la huella que deja cada adquisición en el planeta. La madurez del Black Friday exigirá, sin duda, una mayor transparencia por parte del comercio y una mayor diligencia por parte de quien compra, especialmente a la luz de las proyecciones de gasto y la consolidación de la fecha en el calendario español, y del reciente aval judicial a la lucha contra el fraude en la tarificación.
















