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Quien haya pasado un par de horas en un aeropuerto se habrá dado cuenta de una cosa. Quien se haya quedado atrapado en uno de esos espacios durante más tiempo del previsto habrá aprendido, por su parte, una poderosa lección. Los aeropuertos son espacios cerrados, en los que el tiempo parece pasar lentamente y que parecen estar al margen de las demás cosas.

Son también espacios en los que la única opción para matar el aburrimiento es comprar y en los que se acepta casi cualquier cosa. Se ve como una cuestión de mala suerte que los bocadillos de la única cafetería en tu zona se hayan agotado (aunque queden por delante muchas horas de servicio y muchos pasajeros que pasarán por la zona) y se acepta con resignación que todos precios de las cosas sean especialmente elevados.

A todo ello se suma que, en los últimos años, los aeropuertos de más tránsito han empezado a parecerse cada vez a centros comerciales. No hay más que pensar en la T4 de Barajas, el aeropuerto de Madrid. Una vez que se cruza el control de acceso, al viajero le esperan tiendas y más tiendas en las que matar el tiempo comprando todo tipo de cosas. Mientras se espera el vuelo, o mientras se hace tiempo entre escalas, se acaba comprando. Son en realidad las mismas tiendas que hay fuera, en no pocas ocasiones, pero ir de compras parece casi la única opción de entretenimiento.

Cuando no, parece casi imposible no acabar pasando por las tiendas. El diseño de algunos aeropuertos hace que el camino de los consumidores acabe - hagan lo que hagan - por la zona de compras y restauración. Si quieres llegar a tu puerta de embarque, antes tendrás que ver toda la opción comercial.

Los aeropuertos y su diseño en los últimos tiempos han empezado a tener más y más en cuenta a los pasajeros como consumidores y también los elementos que marcan su experiencia y hacen que se sientan más cómodos (y consuman más). Una de las tendencias de diseño de espacios aeroportuarios de los últimos años implica el posicionar en el interior de los aeropuertos espacios verdes e incluso espacios abiertos (por mucho que estén en un entorno centrado y muy controlado).

El boom del diseño biofílico

El paradigma de la caja cerrada que definía en el pasado a los aeropuertos está dejando paso a entornos que espacios abiertos y jardines. Los últimos rediseños y actualizaciones de aeropuertos por todo el mundo ya han empezado a tener en cuenta que necesitan que los viajeros se sientan cómodos y también que el diseño más verde ayuda a mejorar las percepciones.

El diseño biofílico, una tendencia en arquitectura y urbanismo que se inspira en la naturaleza para crear espacios, ha llegado a este entorno. El aeropuerto estadounidense de Long Beach ha incorporado jardines abiertos que permiten salir al exterior y que dan más sensación de resort que de aeropuerto y el de Honolulu ha añadido un circuito de jardines hawaianos, japoneses y chinos al espacio (para tranquilizar y relajar a los viajeros). En la terminal uno del de Singapur, hay una avenida de árboles y 340 especies de plantas.

"Se trata de crear un entorno que sea más que simplemente sentarse y esperar al avión", explica a Quartz el responsable de diseño para el entorno de aviación de una firma arquitectónica especializada, HOK.

Más relajados y más consumo

Este trabajo de rediseño está marcado por las nuevas corrientes de arquitectura y también por el boom de la preocupación por la experiencia de consumidor. La experiencia de los viajeros mejora en esos entornos y se hace mucho más positiva. Pero, por supuesto, estas no son las únicas causas: si los aeropuertos empiezan a incorporar árboles y espacios verdes es porque ayudan a que los viajeros se relajen y, finalmente, a que gasten más dinero.

Los aeropuertos no esperan solo que los consumidores gasten dinero porque no tienen nada mejor que hacer, sino también porque están en un espacio que invita a hacerlo.

Los aeropuertos están incluyendo últimamente todas las herramientas posibles para relajar a los consumidores porque saben que, cuanto más relajados están, más consumirán y más gastarán. La tendencia al gasto está vinculada a los niveles de estrés, como han demostrado los expertos. Cuanta más información haya disponible y cuantos más elementos se empleen que generen tranquilidad (además de plantas, también es por ejemplo el caso del uso de madera) más propicio será el estado de ánimo a las compras.

Sus trucos habituales

Esto se suma a los trucos habituales que los aeropuertos emplean para hacernos gastar más y para empujarnos al consumo. Que las tiendas de duty free sean lo primero que una se cruza no es una casualidad, sino que es una manera de aprovechar el estado del ánimo. Tras pasar el control de seguridad - una experiencia negativa - el subconsciente puede sentir que se merece un premio: el premio serán las compras.

Los aeropuertos también usan un diseño que incentiva al consumo, como hacen tiendas como Ikea. Por ello, hay que pasar por las tiendas para llegar a la puerta de embarque y se organizan las cosas a modo de serpentina. De este modo se ven las cosas de modo más claro y se consume más. Que además el giro suela hacerse a la izquierda es también una decisión de consumo. Dado que la mayoría de los viajeros son diestros, se evita así que las cosas estén de forma mayoritaria en el lado que se encarga de tirar por la maleta. Coger cosas de los estantes es así más sencillo.

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