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Las pymes no pueden igualar su rapidez de entrega, pero los consumidores lo esperan
Amazon nos acostumbró a la entrega en un día: cómo se ha convertido en un lastre para los pequeños ecommerces

La primera vez que compré en Todostuslibros.com, la plataforma de las librerías independientes que se ha convertido en un caso de éxito para el pequeño comercio, me armé de paciencia. Sabía que mi pedido iba a tardar unos días, más que si el mismo libro hubiese estado disponible en Amazon y lo hubiese comprado con servicio Prime.

Asumí que el libro iba a tardar en llegar bastantes días - lógico, por otra parte, teniendo en cuenta que hice la compra en hora no laborable y el libro iba a viajar de un extremo a otro de España saliendo de una pequeña librería - y lo perdoné porque "es de una librería independiente". El libro llegó en tiempo récord, diría que ni 24 horas después de recibir el mail de confirmación de compra, y, como es habitual, ese se convirtió en un dato que repetí una y otra vez cuando hablé con otras personas de mi experiencia.

La rapidez se ha convertido en el patrón oro de la experiencia del comercio electrónico, por mucho que no siempre sea tan necesaria y por mucho que a veces obligue a prácticas que los consumidores en realidad no aprueban (como el uso de muy contaminantes aviones para cubrir distancias muy amplias y que los paquetes lleguen en cuestión de días).

Los tiempos endiablados se han posicionado como lo que diferencia servicios y lo que hace que los grandes players del ecommerce triunfen. Amazon va ya a la entrega lo más inmediata posible, aunque solo lo hace en ciertas grandes ciudades.

El Corte Inglés, gracias a su infraestructura de tiendas repartidas por toda la península, puede ofrecerlo en muchas más localidades: si compras en su tienda online y lo tienen en su almacén de tienda, la franja de entrega baja a cuestión de horas. Posiblemente, ese sea uno de los grandes puntos fuertes de la experiencia que ofrece en su ecommerce, al menos para luchar contra Amazon.

Pero ¿es toda esta carrera por la velocidad sostenible? Para los grandes servicios, es ya incluso hasta un tema debatible cómo de rentable resulta realmente entregar productos de escaso valor en tiempos mínimos.

El peligro de la entrega en un día

Para las pequeñas empresas, la velocidad de entrega es algo contra lo que resulta imposible competir. No tienen la infraestructura de las grandes ni tampoco el músculo financiero para poder afrontar las necesidades que implica estos envíos tan rápidos. Un tuit que circulaba estos días por el Twitter literario en España señalaba justamente eso: lo peor que le había hecho Amazon a la competencia era acostumbrar a los compradores a que sus libros llegasen en un día.

"Es una batalla diaria el intentar mantener el ritmo de Amazon y no es divertido", le dice a The Wall Street Journal la dueña de una pequeña tienda online en EEUU. El diario económico acaba de analizar cómo ha afectado la entrega en día al ecosistema: su conclusión es que Amazon ha logrado enganchar a los consumidores a esos envíos - hacer que fuese lo normal - y ahora son los pequeños comercios online los que están pagando el pato.

Por mucho que puedan decir, en líneas generales los consumidores se quejan de los gastos de envío de las pequeñas tiendas, que les parecen excesivos, y esperan que se igualen los plazos de entrega que ofrece Amazon. Si no eres capaz de seguir ese ritmo, las pymes están perdidas.

Algunas pymes han acabado así usando los servicios de Amazon, y añadiendo así un intermediario y perdiendo una parte de sus ingresos, para poder vender con esas condiciones.