Por Redacción - 17 Julio 2026

La madrugada del pasado 26 al 27 de junio dejó una huella en un grupo de aficionados madrileños, quienes experimentaron la emoción del fútbol de una manera completamente histórica. La firma automovilística EBRO, conciliando la pasión incondicional por la selección española y el necesario descanso nocturno de los residentes de la capital, puso en marcha una iniciativa titulada “Licencia para animar”. Un proyecto que transformó temporalmente un castizo Bar Manolo de Madrid en un fortín insonorizado de entusiasmo, coincidiendo con la retransmisión en directo del tenso encuentro entre las selecciones de España y Uruguay. El triunfo nacional por un ajustado cero a uno no solo selló la clasificación del equipo para la siguiente fase del torneo, sino que validó una propuesta que trasladó la vibrante atmósfera de las gradas de un estadio a la cercanía y calidez de la barra de un bar de barrio.

Esta campaña publicitaria partió de un dilema logístico y vecinal sumamente común en las citas deportivas internacionales de gran calibre. Cuando la selección juega en husos horarios que trasladan los partidos a las dos de la madrugada, los seguidores se enfrentan a la encrucijada de contener su alegría o arriesgarse a importunar a sus conciudadanos. La agencia Relevance Marketing, responsable de la estrategia y el desarrollo creativo de la acción, supo dar lectura a esta problemática social mediante una transformación estética y funcional del establecimiento elegido. Las estancias del local se acondicionaron minuciosamente con cartelería exclusiva, vinilos decorativos, vasos personalizados y servilleteros temáticos diseñados especialmente para la ocasión, permitiendo que la afición liberase toda su energía en un espacio acotado y respetuoso. Por su parte, la agencia Spark Foundry, perteneciente a Publicis Groupe, asumió la planificación de medios y la amplificación digital para que este hito no se quedara solo entre las cuatro paredes del establecimiento.

Este acontecimiento en Madrid no fue de manera aislada, sino que creó el eje central de la Red Oficial de Bares Manolo, una plataforma de carácter nacional impulsada por la propia automovilística que hereda los valores de cercanía de su anterior propuesta mediática conocida como El bombo de todos. La singularidad de esta red radica en su capacidad para tejer alianzas entre los contenidos audiovisuales digitales, la hostelería local y la propia red de concesionarios de la marca, cuyos delegados actúan como padrinos de los establecimientos adscritos en cada región. De este modo, un proyecto concebido a gran escala adquiere una dimensión profundamente humana en cada territorio, estrechando los lazos comerciales y afectivos entre la firma industrial y los consumidores locales que se congregan en estos templos de la cultura popular.

La experiencia de marca diseñada por los organizadores no concluyó con el pitido final del árbitro ni con los festejos dentro del local. Al término del partido, EBRO desplegó una flota de sus nuevos vehículos híbridos enchufables para encargarse de trasladar de vuelta a sus hogares a los asistentes de manera completamente segura y eficiente. La inclusión de los automóviles en el tramo final de la madrugada sirvió para demostrar las prestaciones prácticas de los modelos sostenibles de la empresa y para materializar un firme compromiso con la seguridad vial. Bajo la premisa implícita de concentrar toda la energía de la celebración dentro del bar y delegar la máxima responsabilidad al volante, la compañía aprovechó el escaparate futbolístico para concienciar sobre la importancia de una conducción libre de riesgos en las carreteras de nuestro país.

La corporación que respalda este despliegue, EBRO SUV, orienta actualmente su actividad empresarial hacia el diseño y la fabricación de vehículos sostenibles e impulsados por energías limpias, contribuyendo activamente al proceso de transición ecológica dentro de la automoción española. El nombre de la sociedad rinde homenaje a aquella mítica marca nacida a mediados de la década de los cincuenta que se especializó en la producción de camiones, tractores y furgonetas que motorizaron los campos y ciudades de la España del siglo pasado. Hoy en día, la producción de sus nuevos modelos de movilidad verde se sustenta en la reindustrialización y puesta en marcha de las históricas instalaciones de la Zona Franca de Barcelona, apoyada de igual manera por la actividad de estampado y soldadura de piezas metálicas llevada a cabo en la planta de Montcada i Reixach, consolidando así el renacimiento de un emblema del patrimonio industrial nacional.

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