Por Redacción - 18 Junio 2026
El sector de la distribución alimentaria ha dominado con precisión métricas digitales esenciales como los clics, los productos visualizados, los carritos abandonados y los embudos de conversión en el comercio electrónico. Sin embargo, el verdadero reto histórico ha residido tradicionalmente intramuros, en el interior de los establecimientos físicos. Diariamente, miles de compradores cruzan los umbrales de los supermercados y grandes superficies dejando una huella difusa, lo que impedía a las marcas comprender sus pautas de visita, identificar sus necesidades reales o transformar esas interacciones en estrategias de negocio tangibles. Este escenario de desconexión entre lo analógico y lo digital impulsó a Intermarché a buscar soluciones tecnológicas capaces de unificar la experiencia del consumidor.
Con el respaldo técnico de la plataforma portuguesa E-goi, la cadena de distribución implementó una estrategia integral sustentada en una plataforma de datos de clientes, algoritmos de inteligencia artificial y procesos de automatización omnicanal. La meta principal consistía en derribar los muros invisibles que separaban el comercio electrónico de las tiendas físicas, consolidando una base de conocimiento compartida. Al entrelazar la información de los establecimientos físicos, los movimientos de la Tarjeta Intermarché, las conexiones a la red Wi-Fi de los locales y las interacciones en canales digitales, la compañía logró estructurar una visión de trescientos sesenta grados de cada comprador, convirtiendo datos inconexos en decisiones estratégicas.
La alimentación constante de estos modelos avanzados permitió detectar oportunidades comerciales precisas, anticipar comportamientos de compra y diseñar campañas de fidelización con una probabilidad de conversión significativamente más alta. El despliegue operativo abarcó más de doscientos cincuenta y cinco establecimientos físicos, automatizando de manera integral las comunicaciones y elevando la eficiencia a gran escala. Como consecuencia directa de este proceso de análisis y personalización, las categorías de producto vinculadas a la iniciativa experimentaron un incremento del siete por ciento en sus ventas, al tiempo que los registros identificados a través del Wi-Fi y la tarjeta corporativa crecieron un doscientos ochenta por ciento, consolidando el vínculo a largo plazo con la base de clientes.
El valor de la información propia en la distribución moderna
Este proyecto pone de manifiesto una evolución profunda en los modelos de negocio de la gran distribución, donde el control de los datos propios se posiciona como el activo estratégico más determinante. En un escenario caracterizado por la elevación de los costes de captación de usuarios y la dispersión de las vías de comunicación, la habilidad para reconocer los hábitos de consumo individuales y adelantarse a las demandas del mercado define la sostenibilidad financiera de las empresas. El valor ya no reside únicamente en incrementar la afluencia de público a las tiendas, sino en descodificar la conducta de quienes ya acuden habitualmente a las salas de venta para ofrecerles un valor añadido real.
El conocimiento profundo derivado de la actividad diaria en tienda demuestra que la efectividad de las herramientas tecnológicas actuales radica en su capacidad para humanizar el trato masivo, adaptando la oferta comercial al contexto específico de cada hogar. Al transformar las interacciones cotidianas en información estructurada, las cadenas de supermercados no solo optimizan sus márgenes operativos, sino que mejoran la percepción de utilidad por parte del consumidor. El caso de éxito de la firma de distribución junto a la tecnológica lusa confirma que el análisis predictivo y la segmentación avanzada constituyen los pilares de la rentabilidad actual, estableciendo un estándar metodológico para el futuro inmediato del comercio minorista.
















